lunes, 30 de agosto de 2010

Fairytale gone bad.

"No podemos intentarlo"
3 palabras. 19 letras. 21 caracteres. Para qué más.
Leyó esas palabras con miedo. Un escalofrío le recorrió la espalda. Lo cierto es que no se esperaba otra respuesta. Una lágrima le resbaló por la mejilla. Después vinieron más, muchas más. Ahora saía lo que era llorar por amor, lo que era amar a alguien hasta el punto de estar escuchando todos los días "su" canción. Ninguna otra.
Corrió hacia el baño. Echó el pestillo. Hacía mucho tiempo que no lo hacía, pero necesitaba sentirse bien. Se agachó, metió los dedos en la garganta. Aaaaaaagggggggg. Otra vez. Aaaaaaaaggggggg. Mejor, mucho mejor. Oye el teléfono sonar. Guarda una mínima esperanza de que sea él. Por supuesto, no lo es. Él nunca llama.
Tira de la cadena y sale al pasillo. La cabeza le da vueltas. Vuelve al ordenador. Él no ha dicho nada más. No hace falta decir nada más.
Recuerda el tiempo que estuvieron juntos, cuando se vieron por primera vez. Todo eran sonrisas y bromas. Y recuerda la despedida, ella llorando en la estación de Atocha, casi deseando que llegaran las 14:30 para no tener que pensar en que en poco tiempo él se iba a ir... Ese día se dio cuenta de lo enamorada que estaba. Y él también estaba enamorado, o eso le hizo creer.
Las lágrimas siguen cayendo en el teclado. Él sigue sin decir nada. No hay más que decir.
Ella piensa en todo lo que ha hecho y ha dejado de hacer por él. Demasiadas cosas para un primer amor. Ahora vienen los "no te merece" y los "ya encontrarás a otro", pero ella sabe que sí le merece, y no quiere estar con otro que no sea él.
Ella sueña, con volver a verle.
Las lágrimas siguen cayendo.
Piensa en salir a dar una vuelta. Quizá pueda ponerse el vestido rosa que se compró el otro dia.
Se ducha, se pone el vestido, se pone las lentillas, se pinta los ojos y se plancha el pelo. Sale de casa con un "he quedado con Sandra". Entra en una tienda de alimentación. Ha entrado allí muchas veces. Coge dos Johny Walker Blue Label. Se detiene un momento y coge dos botellas de Chivas. El dependiente le cobra sin decirle nada. No le pregunta la edad. No le importa. Ella guarda las botellas en la maleta que ha cogido de casa.
El alcohol no soluciona los problemas, pero el agua tampoco.
Entra en el metro. Se cuela. Nadie la mira, nadie le dice nada. Línea 1 hasta Sol, y luego línea 2 hasta Retiro. Simple y fácil. Sale de la estación arrastrando la maleta. Entra en el parque. Busca algún sitio apartado. Quizá el mismo sitio donde estuvo sentada con él. Lo encuentra, se sienta y recuerda que en dos días tiene dos exámenes y no se ha preparado nada. Luego mueve la cabeza y abre una botella. Empieza a beber. Una. Luego otra. Y otra. La última la bebe poco a poco, como le han dicho que haga para evitar el coma etílico. Ahora se tumba en el suelo, cierra los ojos, conecta su mp3. Como una broma macabra empieza a sonar Take what you take.
"Who the hell are you now?" Exacto. ¿Quién era ella ahora? Antes las cosas tenían sentido. Ahora, no.
Se levanta y sale del parque. Mira a un lado y a otro, por si vienen coches. Sonríe cuando ve un Opel gris metalizado venir a toda pastilla. Cruza la carretera justo cuando el coche va a pasar.
Lo último que piensa antes de cerrar los ojos para siempre es si vendrá él a su entierro.

3 comentarios:

Mar. dijo...

:( Jo, ningún tío vale tanto como para terminar muriendo así...

Liru dijo...

ninguno, aunque cueste creerlo

Viebbo dijo...

es desgarrador... y sincero.

espero que todo se arregle